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Rito Escocés Antiguo y Aceptado 2017-06-23T03:32:34+00:00

EL RITO DE NUESTRA LOGIA

(Este texto ha sido extraído del dominio de la Gran Logia de España.)

Si bien los orígenes del Rito Escocés Antiguo y Aceptado entroncan directamente con la Gran Logia Real de Kilwinning, la Orden de San Andrés del Cardo, la de los Maestros Escoceses de San Andrés, el Rito de Perfección o de Heredom y las Logias de la Masonería jacobita o Masonería estuardista, el Rito, tal y como lo conocemos y practicamos hoy, no se estructura hasta el 31 de mayo de 1801, al constituirse en Charleston, Carolina del Sur, el Primer Supremo Consejo de los Soberanos Grandes Inspectores Generales del XXXIII y Último Grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. De este primer Supremo Consejo nacen todos los demás legítimos Supremos Consejos. El de España fue constituido en el año 1811 y es, por su antigüedad, el tercero del mundo, tras los de los Estados Unidos y Francia.

Se estructura el Rito Escocés Antiguo y Aceptado en 33 grados, de los que los tres primeros, que constituyen la llamada Masonería Simbólica, dependen de las Grandes Logias; haciéndolo los 30 restantes, es decir, del 4 al 33 ambos inclusive, de los Supremos Consejos, uno por cada país.

Estructuración del rito escocés antiguo y aceptado

El Rito Escocés Antiguo y Aceptado es, probablemente, el rito masónico más practicado y extendido en el mundo. Es fruto de la evolución producida a principios del siglo XIX del sistema escocés practicado en París a principios de la década de 1760.

Designado por las Constituciones Latinas de la Orden como “Antiquus Scoticus Ritus Acceptus”, o “Rito Escocés Antiguo y Aceptado”, es el título que ha sido adoptado generalmente.

El primer rito escocés fue el Rito Escocés Filosófico de la Logia Madre de Marsella (ca. 1750), de 18 grados. Tras el primer Rito Escocés Filosófico, apareció el Rito de Heredom o de Perfección, compuesto por el Consejo de Emperadores de Oriente y Occidente (París, 1758). Importado el Rito de Perfección de 25 grados a América por el hebreo Esteban Morín tras recibir una patente del rito, el número de grados se amplió, surgiendo el Rito Escocés Antiguo y Aceptado de 33 grados, con grados como el Caballero Kadosh.

Reunidos en Charleston (Carolina del Sur, EEUU), cinco francmasones (John Mitchell, Federico Dalcho, Manuel de la Mota, Abraham Alejandro e Issac Auld) fundaron con Morín el Supremo Consejo de la Masonería denominada Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Tras la fundación del 31 de mayo de 1801, el primer Supremo Consejo se dio a conocer por medio de una circular expedida el 4 de diciembre de 1802.

El Rito Escocés Antiguo y Aceptado arribó a Europa, y más en concreto a Francia, de la mano del conde de Grasse-Tilly, tras obtener una patente de Charleston. Grasse-Tilly retocó algunos rituales y enseñanzas y su obra constituye hoy más o menos el Rito Escocés Antiguo y Aceptado que se conoce en Europa.

Existen múltiples versiones del R.·. E.·. A.·. A.·. e, incluso, entre ellas, no coinciden del todo ni los nombres de los grados. Se suele trabajar sólo en alguno de ellos, siendo los otros “comunicados”.

Es sentido y misión del R.·. E.·. A.·. y A.·. , en primer lugar, hacer cada día mejores masones, es decir, aumentar su cualificación intelectual, moral y sobre todo masónica a través de un trabajo riguroso, progresivo, profundo y esencialmente iniciático; y en segundo lugar, que esos hombres más formados y más masones, es decir, más hombres, impongan con la fuerza de sus ideas y el ejemplo de su conducta, los principios del Rito y de la Masonería en la sociedad profana.
Se trata, pues, de un Rito, el más difundido en el mundo, en el que se combinan los elementos simbólicos más tradicionales con una dinámica de funcionamiento ciertamente expresiva, que permite desarrollar junto a un profundo sentido de fraternidad, un agudo sentido del análisis racional que invita a enfocar la vida con criterios donde lo espiritual y lo racional se complementan extraordinariamente.

En las Logias que utilizan el R.·. E.·. A.·. A.·. se representan simbólicamente las Leyes que rigen el Universo y sus trabajos se realizan fundamentalmente en dos líneas que se complementan como los brazos de un mismo cuerpo.

En primer lugar tenemos el Trabajo Ritualístico o Práctica del Ritual que permitirá, en sus grados de Aprendiz, Compañero y Maestro, a través de una serie de dramatizaciones ritualísticas de antiquísima simbología, tener una mayor consciencia de las Leyes y preceptos de la naturaleza y del universo de la que descubriría nuestra simple pero atenta observación.

En este sentido el ritual está estructurado y codificado de tal manera que conforma un hilo conductor, el cual no sólo puede transmitir un claro y sencillo mensaje general, sino que puede activar mecanismos subconscientes e inconscientes que generan un elevado sentido de la trascendencia y del Gran Arquitecto del Universo. Es este un Rito en el que tiene una importancia capital no sólo a la Práctica del Ritual sino también a su asimilación espiritual, psicológica y conceptual.

En segundo lugar, dentro de los trabajos de la Logia se pone igualmente énfasis en los Trabajos Masónicos de tipo intelectual. Los Trabajos son presentados por escrito, en una plancha o trazado y, una vez leídos en la Tenida, son tratados de forma oral y coloquial entre los hermanos. De esta forma se consigue, a través de las diferentes apreciaciones u opiniones aportadas, una percepción profunda del tema tratado, con el consiguiente enriquecimiento y formación masónica que invariablemente dará sus frutos en cualquier ámbito o situación.

Siguiendo con el espíritu eminentemente dinámico de las Logias de R.·. E.·. A.·. A.·. , como continuación de la Tenida, forma parte importante, el correspondiente Ágape fraternal o cena realizada fuera de las Logias. Es un espacio apropiado donde se interrelacionan sus miembros y se desarrolla, si cabe en mayor medida, el profundo sentido de la Fraternidad que existe entre todos los Hermanos.

Reflexionar sobre el sentido y misión del Rito Escocés Antiguo y Aceptado es tanto como analizar su ontología y la aplicabilidad y proyección de su esencia en la Sociedad.
Es difícil encontrar un Rito en el que se armonice tan equilibradamente el Espiritualismo, el Humanismo y la Libertad, que son las tres columnas que sostienen al Escocismo. Porque el Rito Escocés Antiguo y Aceptado es un Rito tradicional e iniciático basado en esos tres elementos y asentado sobre la profunda fraternidad masónica.

El Rito permite, y este seria su primer sentido, que una alianza de hombres libres trabaje para el progreso espiritual, moral, intelectual y material de la Humanidad. En consecuencia la vocación espiritual del R.·. E.·. A.·. A.·., lleva a un humanismo filantrópico.

Espiritualismo, Humanismo, Fraternidad, Filantropía, no son para los masones escocistas conceptos vacíos de contenido. Nuestra espiritualidad no nos viene dada como si fuese una gracia, el humanismo no consta en nosotros como una virtud innata, la fraternidad no es espontánea. A esas virtudes masónicas se llega a través del esfuerzo individual y colectivo, utilizando una tradición iniciática y progresiva (el Rito es un método) que posibilita una espiritualidad abierta a la libertad, al humanismo, a la igualdad y a una auténtica fraternidad universal entre los hombres.

Cabe decir que el R.·. E.·. A.·. A.·. es tan tradicional como liberal. Un Rito que rompiera con la tradición iniciática o que no proclamase la libertad, y fuese por tanto dogmático, dejaría en ambos casos de ser masónico.

La misión del R.·. E.·. A.·. A.·. es siempre construir. Construir el edificio supremo de un orden iniciático, construir al hombre y construir su fraternidad, en resumen hacer mejores masones.

El Rito Escocés implica en su ideal una perfecta síntesis entre el humanismo espiritualista de la filosofía tradicional y el humanismo antropológico moderno.

Aunque el mundo profano se esfuerza en enfrentar conceptos como universalidad y diferencia, los masones escocistas podemos proclamar que sin respeto a las diferencias el universalismo puede degenerar en totalitarismo, y que, sin exigencia de valores universales (es decir sin un horizonte de universalismo) el derecho a la diferencia podría desembocar en un enfrentamiento bélico. Por eso conviene mantener pujante siempre la vocación universal de la Masonería.
La filosofía Escocista (que como hemos señalado es perfecta síntesis entre espiritualismo y humanismo) pretende hacer notar su mensaje universalista de libertad y tolerancia frente a todo fanatismo, frente al integrismo religioso y frente al racismo xenófobo. Porque los principios del R.·. E.·. A.·. A.·. no quedan reducidos a la pura abstracción teórica, sino que tienen a proyectarse en el mundo profano través del trabajo y ejemplo individual que los masones escocistas ejercen en el entorno social, laboral, etcétera, al que cada uno de ellos pertenece.

En la esfera intelectual se rinde culto a la inteligencia y a la ciencia, utilizando la razón como vía de acceso a la verdad e introduciendo al hombre en una visión relativista frente a todo fanatismo dogmático.

En cuanto a las creencias, nuestro Rito, que es respetuoso con todas las religiones, defiende la libertad religiosa y de culto y la independencia del poder político respecto al religioso.
Como podemos ver hay un bagaje concreto en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Porque éste es un método, un medio un vehículo para el aprendizaje perfectivo del masón y para la transmisión de contenidos intelectuales. El R.·.E.·.A.·.A.·. es no solo forma sino también fondo, ambos deben ser justamente equilibrados. Un Rito que redujese los elementos formales no seria perfecto, pero creer que la forma es todo, es decir, vaciar de contenido material el Rito, reduciéndolo a una ceremonia formal supondría una alteración ontológica del mismo. La forma no debe nunca sustituir, y menos excluir al fondo, al pensamiento, al contenido profundo y esencial del Rito.

El Rito Escocés Antiguo y Aceptado consta de 33 grados, de los cuales los tres primeros, que constituyen la llamada Masonería Simbólica, dependen de las Grandes Logias, haciéndolo los 30 restantes del Supremo Consejo del Grado 33 y Último.

Grados del R.·. E.·. A.·. A.·. :

1. Aprendiz.
2. Compañero.
3. Maestro.
4. Maestro Secreto
5. Maestro Perfecto
6. Secretario Íntimo
7. Preboste y Juez o Maestro Irlandés
8. Intendente de los Edificios o Maestro de Israel
9. Maestro Elegido de los Nueve
10. Maestro Elegido de los Quince
11. Sublime Caballero Elegido
12. Gran Maestro Arquitecto
13. Real Arco
14. Gran Escocés de la Bóveda Sagrada de Jacobo VI (Gran Elegido y Perfecto Masón)
15. Caballero de Oriente o de la Espada
16. Príncipe de Jerusalén Gran Consejo, Jefe de todas las Logias
17. Caballero de Oriente y Occidente
18. Soberano Caballero Rosa Cruz (Soberano Príncipe Rosa Cruz)
19. Gran Pontífice o Sublime Escocés, llamado de la Jerusalén Celeste
20. Venerable Gran Maestro de todas las Logias, Soberano Príncipe de la Masonería, o Maestro Ad Vitam
21. Noaquita o Caballero Prusiano
22. Caballero Real Hacha o Príncipe del Líbano
23. Jefe del Tabernáculo
24. Príncipe del Tabernáculo
25. Caballero de la Serpiente de Bronce
26. Escocés Trinitario o Príncipe de la merced
27. Gran Comendador del Templo, o Soberano Comendador del Templo de Jerusalén
28. Caballero del Sol o Príncipe Adepto
29. Gran Escocés de San Andrés de Escocia o Patriarca de las Cruzadas
30. Caballero Kadosh
31. Gran Inspector, Inquisidor, Comendador
32. Sublime Príncipe del Real Secreto
33. Soberano Gran Inspector General

Orígenes legendarios del rito escocés antiguo y aceptado

Bannockburn

El 24 de junio de 1314, solsticio de verano en el hemisferio norte, amaneció fresco y brumoso en la localidad escocesa de Bannockburn. A las nueve de la mañana y con el sol alto, ambos ejércitos habían tomado posición de combate y luego de una última negociación más ritual que práctica, los arqueros ingleses dieron comienzo a la batalla que duraría casi seis horas.
Cerca ya las tres de la tarde, las tropas del andrógino Eduardo II, rey de Inglaterra y yerno del Felipe IV, el hermoso de Francia (1) , abandonaron el campo de batalla, permitiendo a los fieros escoceses celebrar largamente la victoria, no ya de una batalla, sino la de una dura guerra de independencia que acababa de lograrse bajo la conducción de su soberano Robert de Bruce, Robert I de Escocia.

Esa batalla, en tan simbólica fecha, tendría repercusiones no solamente en el mapa político de la antigua Albión, sino también en la evolución de la Masonería en general y del Escocismo en particular, porque, como consecuencia del triunfo de los escoceses den la batalla de Bannockburn, ocurrieron dos hechos muy importantes desde el punto de vista de la historia de la Masonería, a saber, la creación de la Orden de San Andrés del Cardo y el inicio de la dinastía de los Estuardo.

Tras la batalla, un agradecido Robert de Bruce creó la Orden de los Caballeros de San Andrés del Cardo, siendo sus primeros integrantes varios centenares de Caballeros del Temple, de decisiva actuación ese día de gloria de las armas escocesas. Entre estos experimentados guerreros había muchos miembros escoceses de la Orden del Temple, pero también es cierto que un buen número de ellos eran caballeros franceses de la Orden del Temple que habían llegado a Escocia huyendo de la persecución, genocidio diríamos en nuestros días, desatada contra ellos por el rey de Francia (Felipe IV, el hermoso) y el Papa Clemente V.

La creación de la Orden de San Andrés del Cardo permitió a los monjes guerreros seguir existiendo legalmente, protegidos por un legítimo rey, y como veremos más adelante estuvo vinculada con la aparición, tiempo después, de algunos de los grados del Rito Escocés.

En la batalla de Bannockburn también tuvo destacada actuación un amigo y compañero de armas del rey, de nombre Walter. Era Walter descendiente de Alan Fitzfiaald, un vikingo muerto en 1114. Tomó Walter, para sí y para sus descendientes, el nombre de su función, Stewart, que designaba entonces, en el seno de la nobleza, el cargo de senescal (2) . La forma francesa Stuart fue adoptada en 1562 por una de sus descendientes, la famosa María Estuardo, a su regreso de Francia.

Walter Stewart fue el más leal colaborador y apoyo del rey Robert I de Escocia, casándose en 1315 con su hija, la princesa Marjorie, y sucediendole como soberano de Escocia a la muerte del rey. Así dio comienzo la dinastía Estuardo, que mantuvo relaciones muy estrechas con la Francmasonería operativa de su época, al punto que varios soberanos de esta familia fueron iniciados y elevados al cargo supremo de Gran Maestro. Como detalle interesante anotamos que las armas de los Estuardo de Lennox, aparecen en el mandil masónico de los Maestros Escoceses del Early Grand Scottish Rite o Rito Escocés Primitivo.

Kilwinning

Tras su formación en 1717, la Gran Logia de Londres tomó rápidamente una importancia considerable. Incorporó a personajes de relieve y desplegó una gran actividad incluso más allá de los limites de Inglaterra. Bajo sus auspicios, los masones de Irlanda fundaron una Gran Logia en 1729 y los de Escocia constituyeron en 1736, la Gran Logia de San Juan de Escocia. Para los interesados en la historia de la Masonería española, recordaremos que la primera Logia constituida fuera de Inglaterra, de acuerdo con la Constituciones conocidas como de Anderson y con Carta Patente de la Gran Logia de Londres, fue la Logia Matritense o de las Tres Flores de Lis (3) , constituida en Madrid, por el duque de Wharton, el 15 de febrero de 1728. Recibiría la Carta Patente un año más tarde y figura en el registro de la Gran Logia Unida de Inglaterra con el número 50 y el nombre de Logia French Arms. Se conserva el Acta de fundación en el museo de la Gran Logia Unida de Inglaterra.

A pesar de la fundación de la Gran Logia de San Juan de Escocia, la Logia Real de Kilwinning, que existía desde 1150, continuó su vida independiente. Sin embargo, luego de roces con la Gran Logia de San Juan de Escocia, la Real de Kilwinning trasladó en 1743 su sede a Edimburgo, donde se estableció bajo el título de Gran Logia Real y Gran Capítulo Soberano de la Orden de Heredom de Kilwinning y de los Caballeros Rosa Cruces, fundando a su alrededor Logias y Capítulos bajo su obediencia.

Esta escisión entre las dos Grandes Logias de Escocia, tuvo una gran importancia, pues marca la separación en dos ramas de la Francmasonería: Por una parte el sistema inglés con sus tres grados, tal como era practicado en la Gran Logia de Inglaterra y sus fundaciones; por otra parte el de la Gran Logia Real de Kilwinning, cuyo sistema de grados formará más tarde la rama de la Masonería que se ha convenido en llamar Escocismo, y del que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado toma sus verdaderos orígenes y la mayor parte de sus grados.

Kilwinning es un pequeño poblado y un mercado de Aijrshire, situado sobre la ribera derecha del río Garnock, 24 millas al sudoeste de Glasgow. Ahora en ruinas, la abadía había sido una de las más ricas de Escocia. Fundada hacia 1140 por monjes benedictinos de la Orden de Thirion, llamados por Hugues de Morville, Lord de Cunningham; estaba dedicada a San Winnin que había vivido en esa región en el siglo VIII, dando su nombre a la villa cercana.

Kilwinning, según la tradición, es la cuna de la Francmasonería escocesa; la primera Logia fue fundada allí por los “canteros” venidos desde el extranjero para edificar la abadía; se la considera como la Logia Madre de Escocia.

En la época del rey Robert de Bruce, hacia 1314, esta Logia admitió como “masones aceptados” a los Caballeros Templarios que huían de la persecución desatada por el rey de Francia y el Papa Clemente V. Caballeros que, como ya quedó dicho antes, contribuyeron a la victoria del rey Robert I en Bannockburn, siendo premiados con la creación de la Orden de San Andrés del Cardo, que, más tarde, se fusionó con la Orden de Heredom, adquiriendo la Logia la consideración de Logia Real.

El Rito Escocés Antiguo y Aceptado

En Charleston, Carolina del Sur, el 31 de mayo de 1801, se fundó el Primer Supremo Consejo de los Soberanos Grandes Inspectores Generales del XXXIII y último grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En 1802, este Supremo Consejo emitió una circular, también conocida en el mundo masónico como el “discurso de Dalcho”, por ser el Dr. Frederick Dalcho quién presidió la comisión de redacción. De ese documento es de destacar lo siguiente:

“Por nuestros antiguos archivos estamos informados de la constitución de los grados Sublimes e Inefables de la Masonería en Escocia, en Francia y en Prusia, después de las Cruzadas. Pero debido a circunstancias que nos son desconocidas, después del año 1658 cayeron en el olvido, hasta que en el año 1744 un gentilhombre de Escocia vino a visitar Francia y estableció una Logia de Perfección en Burdeos.”

Cuando este gentilhombre llegó de Escocia, ejercía la Gran Maestría en Francia el Conde de Clermont, Luis de Borbón, príncipe de sangre real y nieto de Luis XIV (8) . Es bajo su benigno gobierno (1743-1771) que hicieron eclosión en Francia los grados escocistas o del Escocismo (9) . Todo indica que el Maestro Escocés, aparecido en Francia en 1743, venía de Inglaterra (10) . En efecto, desde 1733 había aparecido dentro de la Gran Logia Inglesa, una Logia de Scotch Mason’s trabajando en Londres y de la que se sabe no estaba compuesta por escoceses; en 1735 aparece en Bath una logia de Scotch Masters, que derivó al Real Arco en 1744, del que se dice aquella era una forma rudimentaria. En tanto en el continente, habría derivado hacia el Maestro Escocés y su descendencia.

Por aquellos años, otros Ritos de Perfección surgían en Francia. El Rito de Heredom o de Perfección, compuesto de 25 grados, habría surgido en París en 1758 como un desprendimiento del capítulo de Clermont (11)
No puede dejar de citarse al Caballero Ramsay (12) , preceptor de Carlos Estuardo y Gran Orador de la Orden en Francia. Su célebre discurso es considerado como un testimonio fundamental sobre el pensamiento esotérico existente en los “altos grados” del Escocismo de la época, al punto que se ha llegado a atribuir al discurso el origen de éstos grados, y no sólo ser la expresión de una corriente ya existente . (13)

En Francia, en la terminología del siglo XVIII, una Logia Escocesa era lo que hoy llamamos una Logia de Perfección, o sea, una Logia de grados superiores al 3º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En aquel entonces los miembros de estas Logias debían formar parte de una Logia Regular simbólica (grados del 1º al 3º) y, también, haber ocupado uno de sus tres cargos principales. Es por aquel entonces cuando se tomó como costumbre designar a las Logias ordinarias como logias azules o inglesas, lo primero por el color del cordón de maestro, mientras que el color de los maestros escoceses es el rojo.

Las Grandes Constituciones, de 1786, del Rito Escocés y Aceptado, en su parte introductoria y declaratoria, que culmina con Federico de Prusia, establecen lo siguiente:

“Estas razones y otras, no menos graves, nos impelen a reunir en un solo cuerpo Masónico a todos los Ritos del Rito escocés, cuyas doctrinas son admitidas generalmente en lo esencial, como las antiguas instituciones que se dirigen a un centro común y que no son sino las ramas principales de un mismo árbol, difieren tan solo en sus fórmulas, harto conocidas ya y que tan fácilmente pueden reconciliarse. Estos Ritos son los conocidos bajo los nombres diferentes del Rito Antiguo, el de Heredom o Hairdom, el del Oriente de Kilwinning, San Andrés, Emperadores de Oriente y Occidente, Príncipes del Real Secreto o de Perfección, el Rito Filosófico, y el más moderno de todos, conocido como Rito primitivo. Adoptando pues, como base de nuestra reforma conservadora, el título del primero de esos ritos y el número de grados de la jerarquía del último, declaramos que ahora y en adelante, están y permanecerán unidos en una sola Orden, que profesando el dogma y la doctrina pura de la antigua Masonería, comprende todos los sistemas del Rito Escocés reunidos en uno, bajo el título del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.”

La historia y la leyenda

Federico el Grande en sus Constituciones dice que Heredom y Kilwinning están entre las que dieron forma al Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Hoy nadie discute que muchos Templarios se refugiaron en Escocia, tras el inicio de la persecución en Francia. Las características de las Ordenes arriba mencionadas, en una época donde se documentaba poco y se ocultaba mucho, no permiten esgrimir pruebas documentales directas, pero hay evidencias que si bien no prueban, establecen certezas razonables de que constituyen la ascendencia del Escocismo actual. A este respecto y como indicios ciertos, son de destacar las característica “caballeresca” del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, las tradiciones del Rito y una determinada secuencia coherente de Ordenes de Caballería que fueron permanentemente renovadas a través de los siglos por los reyes francmasones escoceses más representativos.
Por eso comenzamos este trabajo en aquel lejano solsticio de San Juan de 1314 en Bannockburn. Porque lo que allí sucedió abrió la puerta de la historia y la leyenda a varios de los protagonistas más conspicuos de la saga y la tradición del Escocismo y la Masonería: los integrantes de la Orden de San Andrés del Cardo y los reyes francmasones de la dinastía Estuardo.

El rito escocés antiguo y aceptado para España

El primer Supremo Consejo del Grado 33 para España y sus dependencias de ultramar, fue constituido en España en 1808 por el rey José I, soberano impuesto por Napoleón Bonaparte, tras la renuncia a la Corona por los Borbones españoles. José Bonaparte era Gran Maestro del Gran Oriente de Francia. Este Supremo Consejo se disolvió al verse obligado el rey a abandonar el territorio español en 1813, tras el triunfo de los españoles leales a las Cortes de Cádiz.

A principios de 1811, el Marqués de Clermont-Tonnerre, como miembro del Supremo Consejo de Francia, formó en España cuerpos filosóficos que trabajaron hasta el grado XXXII del Rito Escocés. El 4 de julio de 1811, con patentes expedidas al efecto por el Supremo Consejo de Charleston, del que había sido fundador, el Conde de Grasse-Tilly constituyó regularmente el Supremo Consejo del Grado 33 para España y sus dependencias, siendo nombrado el I.·. P.·. H.·. Miguel José de Azanza Soberano Gran Comendador.

Los miembros del Supremo Consejo durante la primera reacción absolutista de Fernando VII no interrumpieron los trabajos masónicos en España, reuniéndose clandestinamente y poniendo su empeño en la reconquista de las libertades.

La rebelión militar que se inicio en Cabezas de San Juan obligó a Fernando VII a restablecer la Constitución de 1812. Con tal motivo la Masonería entró en una era de tranquilidad que favoreció su libre desenvolvimiento. El Soberano Gran Comendador Agustín Argüelles, que también desempeñaba la Gran Maestría del Gran Oriente de España, abdicó del cargo y fue sustituido por el I.·.P.·.H.·. Antonio Pérez de Tudela.

Tras la invasión de España por los ejércitos franceses en virtud de los acuerdos de la Santa Alianza, sobrevino una nueva reacción absolutista en 1823, teniendo que refugiarse en Inglaterra el Soberano Gran Comendador y algunos otros miembros del Supremo Consejo, donde hallaron la generosa hospitalidad de la Masonería inglesa. La represión de Fernando VII alcanzó terribles caracteres pues la Real Célula dictada en Sacedón en 1824 consideraba como delito de lesa majestad ser masón. La real orden de 9 de octubre de 1824 condenó a pena de muerte a todo el que fuese reconocido como masón o comunero. Entre las víctimas de la cruel represión que se contaron por millares perecieron los generales masones Juan Martín, el Empecinado, Torrijos, y Lacy.

A finales de 1829 cesaron algo las persecuciones y el Soberano Gran Comendador, el infante D. Francisco de Paula de Borbón, reagrupó la Logias. En 1833, tras la muerte de Fernando VII, la reina doña María Cristina empezó a actuar como reina gobernadora, pudiendo regresar a España muchos de los miembros del Supremo Consejo.

Por fin en 1843, después de tantas persecuciones pudo reorganizarse la Masonería española llegando a existir mas de 300 logias. En 1846 el infante don Francisco tuvo que expatriarse para librarse de las persecuciones de que lo hacían objeto el general Narváez y la reacción clerical. A partir de 1856 fue de nuevo perseguida la Masonería española que se vio obligada a actuar clandestinamente. Ni el Supremo Consejo, ni el Gran Oriente podían desarrollar sus trabajos y las islas Filipinas se llenaron de masones desterrados por Narváez.

La revolución de 1868 que destronó a la reina Isabel II, permitió a la Masonería Española y al Supremo Consejo, presidido por el M.·.P.·.H.·. Carlos Celestino Mañan y Clark, reanudar sus actividades. En los cuerpos filosóficos figuraban HH.·. tan prominentes como los generales: Serrano, Prim, Duque de la Torre, Conde de Reus; y los políticos Manuel Becerra, Praxedes Mateo Sagasta, Nicolás María Rivero y Juan Moreno que fueron varias veces diputados y aun ministros.

En el mes de octubre de 1868, el Supremo Consejo presentó al Gobierno provisional un programa legislativo de inspiración masónica, formado por catorce proposiciones, que entre otras reformas incluía las siguientes: libertad de cultos, supresión de las ordenes religiosas, secularización de los cementerios, sujeción del clero al servicio militar, matrimonio civil, etc. El programa mereció ser atendido por el Gobierno.

Poco antes de la monarquía saboyana y aprovechando la ausencia temporal del Soberano Gran Comendador Mañan, varios miembros del Supremo Consejo eligieron como Soberano Gran Comendador al H.·. Manuel Ruiz Zorrilla. La escisión producida dentro del Supremo Consejo como consecuencia de estos hechos, originó gran confusión en la masonería española. Para remediarla se apeló al alto espíritu masónico de los HH.·. Mañan y Zorrilla quienes respondieron en términos fraternales al requerimiento. El H.·. Ruiz Zorrilla es septiembre de 1873 renuncio a todos sus cargos masónicos.

Le sucedió el H.·. Carvajal quien cedió inmediatamente el cargo al H.·.Mañan, que había renunciado a sus cargos al mismo tiempo que Ruiz Zorilla tratando de buscar la conciliación masónica. Se celebraron elecciones el 18 de septiembre de 1873 resultando elegido como Soberano Gran Comendador el H.·. José de Carvajal, distinguido abogado y ministro de la República Española.

Se procedió entonces a una completa reorganización de los cuerpos filosóficos y simbólicos, dándose, en 1869, las primeras manifestaciones públicas de la Familia masónica española con ocasión del entierro del H.·. brigadier Escalante y más tarde con motivo de los del infante don Enrique y del general Prim.

Al restaurarse la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII, cundió de nuevo la desunión en la familia masónica española, existiendo, además del Supremo Consejo regular, dos Supremos Consejos irregulares. Tan confusa situación dio lugar a que ninguna representación española pudiese asistir a la reunión internacional de Supremos Consejos celebrada en Lausana en 1876.

En 1881 se fusionaron por fin los Supremos Consejos presididos por Praxedes Mateo Sagasta y Antonio Romero Ortiz, y este último quedo como único Soberano Gran Comendador legitimo y regular, siendo reconocido en tal carácter en 1882 por el M.·.P.·.H.·. Albert Pike Soberano Gran Comendador de la Jurisdicción Sur de los Estados Unidos y sucesivamente por los Supremos Consejos de Escocia, Irlanda , Grecia, etc.

El 20 de enero de 1884 murió el M.·.P.·.H.·. Antonio Romero Ortiz. Entonces, por primera y única vez en la historia del Supremo Consejo, para proveer el cargo de Soberano Gran Comendador que, en aquella época, llevaba aneja la Gran Maestría del Gran Oriente simbólico, se convocó a elección directa por el pueblo masónico. La elección tuvo lugar el 15 de agosto de 1884 y su resultado, que es curioso consignar, fue el siguiente: Manuel Becerra, 2.237 votos; Emilio Castelar, 605; Manuel Ruiz Zorilla, 478; Manuel del Llano Persi, 296; José María Beranger, 118; Juan Téllez Vicent, 23; Praxedes Mateo Sagasta, 12; Victor Balaguer, 5; Sergio Martín del Bosch, 4; José Carvajal, 2; Juan Utor Fernández, e; Sebastian Salvador, Francisco Pí y Margall, Buenaventura Roignet y José María Panzano un voto cada uno.

Al dimitir, en 1889, el Soberano Gran Comendador Manuel Becerra a favor del Teniente Gran Comendador Ignacio Rosas, se produjo una nueva era de confusión al quererse arrebatar su autonomía al Simbolismo. El 8 de febrero de 1889 se acordó refundir las dos obediencias simbólicas Gran Oriente de España y Gran Oriente Nacional. Así nació el Gran Oriente Español bajo la dirección del H.·. Miguel Morayta Sagrario que fue nombrado también Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo en sustitución del H.·. Manuel Becerra.

Al advenimiento de la dictadura del general Primo de Rivera (13 de septiembre de 1923), la Masonería Española se encontró de nuevo en una difícil situación. Sus talleres tuvieron que acentuar la clandestinidad de los trabajos masónicos. El día 1 de abril de 1924 se convino, mediante un pacto solemne y escrito, que estipularon entre sí el Gran Consejo Federal Simbólico del Grande Oriente Español y el Supremo Consejo de España, reformar los Estatutos del Supremo Consejo para que quedase reconocida en ellos la independencia del simbolismo; declarar subsistentes los acuerdos de 1922 relativos a la autonomía de las Grandes Logias Regionales y reconocerse respectivamente su autoridad, en forma mutua, del Grande Oriente Español sobre los tres primeros grados simbólicos y del Supremo Consejo de España sobre los grados denominados filosóficos, es decir desde el IV al XXXIII.

El 14 de abril de 1931, derrocada la monarquía y establecida la II República, las nuevas leyes permitieron a la Masonería española trabajar con mayor seguridad y eficacia. Eran miembros activos del Supremo Consejo, en dicha época, los II.·.PP.·.HH.·. Augusto Barcia, Diego Martínez Barrio, Angel Rizo, Demófilo de Buen, Fermín Zayas, José Boch, Evelio Torent, José Estruch, Manuel Nieto, Antonio Montaner, Manuel Portela Valladares, Francisco Soto Mas, Juan Manuel Iniesta, Isidro Sánchez Martínez, Miguel de Benavides, Pedro Las Heras y Julio Hernández.

El 18 de julio de 1936 se produjo la sublevación de varios generales que se alzaron en armas contra el régimen democrático de la II República. En la zona de España dominada por los sublevados se practicó una sistemática matanza no sólo de masones sino de muchos infelices, liberales moderados que parecieron sospechosos de pertenecer o haber pertenecido a la Masonería.

Para la Masonería española la guerra civil de 1936 a 1939 fue catastrófica. Durante su transcurso y posteriormente volvió la persecución contra la Masonería, llegando a darle forma legislativa. Así se dictó, el 1 de marzo de 1940, la llamada Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, en la que se equiparan arbitrariamente, a efectos represivos, dos ideologías que no tienen entre sí ninguna relación de afinidad filosófica u orgánica. Siendo, además, como lo es, perseguida la Masonería en los países en los que se ha llegado a instaurar regímenes comunistas.

Como consecuencia de la guerra civil española y la feroz persecución desatada contra la Masonería, muchos masones se vieron obligados a abandonar España.

El Supremo Consejo de Méjico, al conceder Asilo Fraternal al de España, estableció, junto con el de Inglaterra en el siglo XIX, un precedente de jurisprudencia masónica inspirado en el más elevado sentido de la Fraternidad.

La concesión del Asilo al Supremo Consejo de España, fue aprobada en Sesión General Extraordinaria del Supremo Consejo de Méjico, celebrada el día tres de Febrero del año 1.943, dictándose el Decreto correspondiente.

En 1977, con el fin de la dictadura, el Supremo Consejo de España puso fin a su obligado exilio, volviendo a la patria. En la actualidad mantiene acuerdos de mutuo reconocimiento y amistad con la Gran Logia de España, dependiendo de esta los grados 1, 2 y 3, y del Supremo Consejo los grados del 4 al 33, ambos inclusive.

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